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SOLO EL SILENCIO

Por: Gerardo Enrique Garibay Camarena

Despertó, se levantó y salió a la calle, las manos en las bolsas de la chamarra,el andar pausado; continuo su búsqueda pero la ciudad estaba vacía, casi el silencio,apenas el murmullo del viento que a sus oídos parecía el eco de la vida ya distante, no podía decir que la ciudad estaba muerta, las banquetas limpias, las puertas cerradas y las ventanas coquetas adornadas con el velo de
cortinas de seda.

No la ciudad no estaba muerta, mas bien ausente, callada, como si perteneciera a otra dimensión, a otra realidad; a lo largo de la extensa calle solo se oía el ruido de sus pasos, ¿Cuánto tiempo llevaba buscándola, meses, años?, el reloj no avanza ahí, donde nada cambia; y le pareció que la vida era mas insoportable a cada paso, aun podía recordar la primera vez que la vio, solo por un segundo, el pelo negro y largo hasta el hombro, la faz blanca, la mirada triste, como un fantasma, como un recuerdo de otros tiempos, al verla creyó de momento que era un espejismo;pero la buscó, la ha buscado desde aquella vez, ha recorrido ciudades, cientos de kilómetros siguiéndola, soñándola;pero nada, solo a veces su imagen o su figura que se desvanecen entre las crecientes sombras del crepúsculo, solo un momento, solo un instante, solo la nada.

A menudo se preguntaba si era el único hombre vivo sobre la tierra o si, al contrario era el quien estaba muerto, no tenía respuestas pero tampoco ponía mucho empeño en buscarlas.

Pasaban las horas, seguía caminando, esperando a cada paso encontrarla, escondida en algún portal, pero no. Se fue la mañana, llego la tarde y no, ni su rastro, entonces, cuando la noche se enseñorea sobre la ciudad y la luna comenzaba a elevarse majestuosa para iniciar su diario recorrido por la bóveda celeste la vio, o pensó haberla visto, por un precioso instante, llevaba aquel largo vestido blanco, al viento su pelo negro hasta el hombro y una mirada triste salía de sus ojos, la cara baja, durante un segundo lo miro y el creyó ver dibujarse una sonrisa en su pálida faz.

Trató de llamarla, fue en vano, desapareció tan pronto como llegó, el continuó caminado, como un autómata, atravesó calles, barrios y avenidas llenos de edificios que a el le parecían una visión macabra, como las irónicas lapidas de
una cultura desparecida, pero el no la veía, no veía nada a su alrededor, su cuerpo estaba ahí pero su mente y alma se quedaron atrás, con ella.

Y entonces, de repente creyó comprenderlo todo, ella no existía, era una invención de su mente, hasta ahora estaba cierto de que era real; pero ya no, se convenció entonces de que solo quedaba una persona en la tierra, era él. Todo lo demás, el resto del mundo solo existía en su imaginación. Ya teniendo esa seguridad corrió, corrió durante horas, espantado de su propio descubrimiento.

Un nuevo día estaba naciendo, la salida del sol le pareció una broma de mal gusto, todo en su mente, empezó a sentirse cansado, se acostó en el piso y vio que la luz del día se convertía en sombras, supo que le llegaba el final, no
hubo mas temores ni dudas, solo la calma, solo el vacío, solo la muerte.

Al final la vio, se acercaba, primero un reflejo en la distancia, luego a su lado, seguía llevando el vestido blanco, el cabello al viento y la mirada triste, no hablaba, pero le tomo la mano y le cerró los ojos.

Ella se quedó pensativa un rato y luego suspiro:
-se ha ido el ultimo, es el fin entonces

Caminando por la calle desapareció.


Y luego ya no quedo nada, solo el silencio

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